Cada persona se ve de pronto ante retos clave que le plantea la Providencia, y que, de aceptarlos, marcan luego un antes y después en su vida. Al P. Domingo le llegó a sus 40 años. Primero luchando en la guerra y exiliado luego en Francia, había planificado su vida mirando hacia México. Alguien le sugirió otro rumbo. Y él, desde su solidez de hombre cabal la ardua restauración en España de la Orden de los Carmelitas Descalzos fundados por Santa Teresa, desaparecida desde la Exclaustración de 1835.