Durante la segunda mitad del siglo XIX se instalaron en Madrid más de medio centenar de estudios fotográficos destinados a retratar por módicos precios a las clases populares. Gracias a la 'carte de visite' se impuso un formato pequeño para descubrir la sociedad española de aquella época; su vestimenta, peinados, joyas y adornos con que acudían a las fiestas. Tal fue el impacto de esta moda que ningún estrato social quiso quedar al margen y los gabinetes fotográficos recibieron la visita de
intelectuales, músicos y aristócratas, como Amadeo de Saboya o la reina Isabel II. El general Prim, los artistas del circo Price, las primeras figuras del toreo o el personal de la primera embajada de Japón posaron ante aquellas cámaras primitivas, legando a la historia las emociones y sentimientos de un pasado que ha sido posible recopilar gracias al esfuerzo de un puñado de coleccionistas.