Un libro singular, producto paradigmático de un azaroso encuentro entre dos culturas. Emily Keene, cautivada por las atávicas tradiciones magrebíes y el entorno místico musulmán -personificado fundamentalmente en la persona del Gran Jerife de Wazan, el hombre con el que se casó- terminaría viviendo en un santuario, inmersa en una realidad ambivalente y en un permanente vaivén entre dos identidades. Aun así, logró salvaguardar su propio estilo y cultura. Este relato en primera persona, sencillo y a veces intimista, no solo desvela su entorno doméstico, no por ello menos relevante, sino que aporta una visión única, a veces comprometedora, de una realidad social más o menos encubierta, difícil de encontrar en la historiografía común.