El secuestro, cuyo objeto inmediato es crear pánico, y tiene como efecto el odio, es una de las modalidades criminales más antiguas y crueles que haya concebido la humanidad, de ahí su vigor dramático. La novela que tienen es sus manos no es sólo la historia de un secuestro. A la salida del hotel Borges, en Madrid, donde el empresario Santos Rivera acostumbraba afeitarse cada mañana, un comando de ETA lo introduce violentamente en el maletero de un coche y despierta en un zulo de 2.60 metros por 1.80. Será una larga pesadilla de 265 noches, a menudo sin luz, sin agua y sin comida. Sólo hay una manera de soportarlo y es mantenerse ocupado a base de una dura disciplina: igual hace ejercicio físico como pinta o camina, en su imaginación, quince o veinte kilómetros por los bosques de su tierra. El zulo convertirá a este hombre incansable en una personalidad genial: consigue que los terroristas le suministren papel y lápices de distintos colores y, sin disciplina académica, pinta una galería de retratos, bodegones y naturalezas muertas, que causarán la admiración de la crítica. El zulo de los elegidos