ALBORES, MAYTE (M. T. CALVO LINARES)
Cuando un sabio señala las estrellas, los tontos miran el dedo , reza un refrán nicaragüense. La realidad no está en el dedo que señala, sino en lo que apunta. Algo parecido nos dice la autora en este poemario: el sexo no queda definido por un órgano ? Qué hay detrás de la palabra, /y qué más allá de un silencio? , se pregunta Mayte. He ahí a lo que apunta el dedo?: la forma que el sujeto tiene de aproximarse a su fantasma y obtener algún placer. Apunta, pues, a la palabra, a lo que viaja en el decir. Francisco J. Picón, así lo señala muy acertadamente en su prólogo: para hablar de sexo, nada mejor que usar la boca, la palabra; y si es en verso, mejor. Es decir, el sexo: de boca en boca. Pero más concretamente nos habla de lo imposible del Goce, de lo que se escapa en ese intento fallido; de ese límite ? estorbo?? que impide gozar del cuerpo de la mujer, dejando al sujeto con el único goce posible: el del órgano. Circulando por estos complejos y azarosos vericuetos, Mayte nos incita a reflexionar sobre lo que suscita esta confrontación: miedo, la hipocresía, dudas que atraviesan la historia y aturden