Este libro tiene el efecto de una conmoción. Contiene una historia triste y espeluznante a la vez: La de un asesino contada por él mismo, mezclando en el paroxismo de su maldad verdad con mentira, locura con razón, sensibilidad con indolencia. Charlot quiere morir es una novela compleja, dura y moralmente ambigua. No es una novela policíaca al uso, aunque aparece un policía como protagonista alternativo al narrador. No es una novela de crímenes, aunque los describe, y con precisión. Es más bien una novela de excesos y desahogos, un juego de luces que alivia el peso del alma y eleva el volumen del grito de la conciencia. En ella, el asesino nos va mostrando las etapas de su alma, hasta llegar a la consumación de su voraz apetito de violencia y lujuria, excéntrico, romántico, fanático y moralizante a la vez. A través de las cartas que envía a su perseguidor inicia un camino de introspección en el que el lector contempla cómo se baña en su propia locura y cómo acaba revelando sus más profundas motivaciones. Es un viaje tenebroso, a veces lúdico, a veces erótico, pero siempre hacia dentro, hacia una profundida