El autor defiende la tesis de que la escuela no debe reducirse a ser un centro de instrucción, sino que debe tener como objetivo prioritario el cultivo de los sentimientos. Y eso no responde al prurito de la moda. En la vida se camina con cuerpo y espíritu, se integran cabeza y corazón, inteligencia y sentimientos, y se debe conseguir que cada uno tutele y dirija sus sentimientos como fuente de su propia felicidad y como aporte al bien social cumún. El timón lo lleva la inteligencia; el autocontrol orienta por derroteros luminosos el camino de los sentimientos y los ímpetus que muchas veces generan en las personas, especialmente en los niños, adolescente y jóvenes. Esencial tarea, pues la felicidad personal está en función del correcto manejo que sepamos dar a nuestro mundo de sentimientos.