Cuando correr deja de ser una batalla contra el cronómetro, se convierte en la mejor manera de viajar, conocer diferentes ecosistemas y descubrir enclaves históricos, siguiendo los pasos de los exploradores que se aventuraban en los confines de la Tierra. Alejándose definitivamente del asfalto, el autor nos sumerge en una experiencia en la que el sufrimiento causado por la altitud extrema, el clima implacable y el terreno hostil se transforma en una profunda satisfacción vital. Desde la asfixia de los escarpados escalones del Camino Inca en Perú y el agobiante calor del desierto de Atacama, hasta la gélida cumbre del Kilimanjaro o las infinitas estepas de Mongolia, cada escenario pone a prueba los límites del cuerpo y la mente. Sin embargo, en estas extenuantes carreras y maratones de montaña por parajes aislados geográficamente pero con mucha relevancia histórica, la soledad se disipa al entrelazar cada zancada con la memoria de quienes pisaron esos mismos territorios siglos atrás. Las fascinantes gestas de pioneros, espías y místicos como Hiram Bingham en Machu Picchu, Johann Ludwig Burckhardt en Petra, L