Elvio Guastavino es el fiel retrato del burócrata gris e insignificante. Un oficinista de Ministerio que se desenvuelve en una atmósfera opresiva y recibiendo un trato tiránico y despótico. Es hombre temeroso, solitario y, aparentemente, inofensivo que vive con su anciana madre invalida, a la cual descuida en atender por una obsesión compulsiva y angustiante que sostiene con una muñeca de porcelana de una tienda de antigüedades y a la cual Guastavino no puede comprar (rescatar) debido a su elevado costo.
Elvio es un hombre desquiciado, atormentado por sus inquietantes recuerdos de un mórbido pasado, fruto de la visión crítica de la fábula de horror de Trillo: la valida condena a los militarismos latinoamericanos (no solo al argentino) que bajo el pretexto de la defensa de los ideales de patria y religión se convirtieron en autenticas fuerzas de ocupación en sus propios países, haciendo de la bestial tortura a civiles y la demencial represión interna una práctica común.