Desde la cabecera del sistema del que somos tributarios se nos educó para las emociones del agonismo, de la confrontación , de la emulación y de la preponderancia: otros tantos mitos que gobiernan la mentalidad actual y debilitan profundamente la experiencia de fraternidad. La ofensiva neoconservadora pretende que nos olvidemos del futuro,, porque el neoconservadurismo es incapaz de pensarlo y de quererlo como un futuro para todos y no quiere asumir ningún compromiso para intentar que lo sea. Son ídolos, pues, a los que hay que dar muerte. A la luz de Jesús, su Iglesia habrá de ser un pueblo de conjurados para la fraternidad, con los pobres y al servicio de los pobres, fiel al mundo presente y al que ha de venir. Así mostrará que conoce y vive al Dios verdadero, garante de la vida de los débiles. El acceso al Dios mayor y trascendente se produce al contacto con el Dios menor escondido en los pequeños y empobrecidos de cualquier tipo. Sin gracia y sin el Espíritu de amor no es posible la fraternidad. Los cristianos hemos de recuperar tras experiencias que deberían definir nuestras tareas: hacer de nuestra Igl