SERGIO CATALAN. CALVO / LUCIO SENECA
***Segunda edición (noviembre 2021). Revisada y corregida.***
Quizá pensamos que vamos a estar aquí para siempre, que las personas que queremos van a estar aquí para siempre.
Hoy día podemos comprar casi cualquier cosa con nuestros teléfonos de última generación sin mover el culo del sofá de nuestra casa, comunicarnos al instante con una persona que se encuentre al otro lado del planeta, medios de transporte inimaginables hace tan sólo 100 años que han acercado los continentes, calefacción en invierno, aire acondicionado en verano, televisión por cable, Internet de alta velocidad...
Todas estas comodidades nos hacen vivir dormidos en un cómodo sueño de seguridad perpetua totalmente falso. "Mortal es todo el bien de los mortales". Mortales son todos los bienes que poseemos y disfrutamos, mortales somos. Pero hay algo que no muere jamás: la virtud. Este mensaje es uno de los que intenta transmitir Séneca en sus cartas a su buen amigo Lucilio.
Estos escritos son una de las fuentes de referencia del estoicismo, que a día de hoy, siguen siendo aplicables. El objetivo de esta edición de las Cartas a Lucilio es poder acercar el estoicismo a cualquier persona, aunque no tenga ni idea de filosofía. Para ello, he "traducido" las enseñanzas de Séneca, del castellano antiguo, de una traducción directa del latín con más de 130 años, a un castellano más actual, fácil de leer y de entender.
Aquí tienes la primera de las cartas: 1. DEL USO DEL TIEMPO De tal manera debes obrar, querido Lucilio: Que seas duen~o de ti mismo, recoge y conserva el tiempo que acostumbran arrebatarte, sustraerte o que dejas perder. Persua´dete de que te escribo cosas ciertas: nos arrebatan parte del tiempo, nos lo sustraen o lo dejamos perder. La peor de todas estas pe´rdidas es la que ocurre por negligencia propia; y, si atentamente lo consideras, vera´s que se emplea considerable parte de la vida en obrar mal, mayor au´n en no hacer nada y toda en hacer lo contrario de lo que se debi´a. ¿Quie´n me presentara´s que de´ su verdadero valor al tiempo? ¿que aprecie el di´a? ¿que comprenda que diariamente se acerca a la muerte? Nos engan~amos al considerar que la muerte esta´ lejos de nosotros, cuando su mayor parte ha pasado ya, porque todo el tiempo transcurrido pertenece a la muerte. Haz, pues, querido Lucilio, lo que me escribes que haces; emplea bien todas las horas y menos necesitara´s del porvenir cuanto mejor trabajes en el presente. Mientras nos detenemos, transcurre el tiempo. Todas las cosas nos son ajenas, querido Lucilio; solamente es nuestro el tiempo. De esta u´nica cosa nos puso en posesio´n la Naturaleza, pero es tan ligera y resbaladiza que nos la puede quitar cualquiera; y tal es la necedad de los hombres, que agradecen las bagatelas que se les conceden y por nada cuentan el tiempo que se les ha dado y sin embargo, tan grande cosa es que ni el ma´s generoso podri´a pagar jama´s. Me preguntara´s tal vez que´ hago yo que tales consejos te doy. Confesare´ ingenuamente que obro como los que viven en el lujo, pero con economi´a: llevo cuenta de mis gastos. No puedo decir que no pierdo nada, pero dire´ cua´nto y co´mo pierdo; es decir, dare´ cuenta de mi pobreza. Me ocurre como a los que han cai´do en estrechez sin culpa propia: todos les compadecen y ninguno les socorre; ¿que´ importa? no contemplo pobre al que se contenta con lo que le queda. Te deseo, sin embargo, que conserves lo poco que tienes y que comiences desde temprano; porque, como deci´an nuestros mayores, inu´til es la economi´a cuando no queda ya nada. Lo que queda en el fondo no solamente es poco, sino que adema´s es malo. Adio´s.