Las serenas y delicadas canciones de Another green world suenan prácticamente contemplativas, pero el álbum en sí fue un experimento propulsado por adrenalina, pánico y pura fe. Se trataba del primer disco de Brian Eno compuesto casi totalmente dentro de un estudio de grabación, a lo largo de unos escasos meses de verano de 1975, y sirvió como campo de pruebas de las incipientes ideas de Eno acerca del concepto de «el estudio como instrumento musical», convirtiéndose en modelo a seguir para una nueva y atrevida forma de pensar la música